
Estudio qo fue fundado por los arquitectos Guillermina Borgognone y Germán Rodriguez Labarre (Rosario, Santa Fe, Argentina). El presente texto ensaya una manera de narrar el posicionamiento del estudio frente al proceso de diseño. Si bien se aleja del pensamiento dogmático, es un manifiesto en la medida en la cual ordena su quehacer intelectual en el campo de la arquitectura, el arte y el diseño. Persigue una de las tantas líneas de fuga del pensamiento colectivo de sus integrantes e intenta dibujar las trayectorias que estas describen con más frecuencia.
El estudio desarrolla una práctica arquitectónica diversa en escalas, programas y campos de actuación. Se caracteriza principalmente por una actitud que oscila constantemente entre la indagación y la resolución. Cada proyecto representa un ensayo particular que a su vez se inserta en una red de experiencias previas interrelacionadas. En cada punto de esta red se exploran abiertamente y desde un razonamiento diagramático las posibilidades materiales, programáticas y espaciales que cada encargo propone y requiere. Esta actitud frente a la disciplina constituye un ejercicio permanente de estudio y análisis, indagando sobre los límites de la arquitectura y reflexionando acerca de las condiciones en las que se ejerce la profesión tanto en el ámbito local como en el global.
Quienes conforman Estudio qo no persiguen la construcción de axiomas de ningún tipo. En este sentido, sus doce años de trayectoria están unidos por el hilo conductor de un proceso de cuestionamiento continuo. Lo más parecido a una metodología que se sostiene a lo largo del tiempo es la preservación del ejercicio de la pregunta, sustentado en una actitud escéptica frente a aquello que se ofrece como dado. Lógicamente, la aproximación al proceso de diseño está mediada por las condicionantes propias de cada caso, considerando al mismo tiempo la serie de temas disciplinares amplios que le son pertinentes. En cada proceso, el interés está en construir certezas parciales, funcionales y operativas, con la voluntad de conformar una consistencia interna en las decisiones tomadas. Subyacente a esto está la búsqueda de una suerte de identidad propia de cada proyecto, que exprese las particulares condiciones que le dieron origen.
Simultánea a esa comprensión del proceso de diseño, en el día a día se produce un retorno constante de las ideas, comprobadas previamente o abandonadas en otra ocasión, como un modo de retroalimentación de la práctica del estudio. Esa retroalimentación se ve a su vez enriquecida por la participación en concursos. Estos son entendidos siempre como laboratorios, espacios en los cuales ensayar ideas y poner a prueba hipótesis de manera menos condicionada. Muchas de las ideas que surgen como propuestas para concurso son retomadas luego en encargos profesionales. A su vez, la dinámica del estudio también se nutre de las experiencias individuales de cada integrante, tales como las actividades extracurriculares, la participación en workshops y seminarios o la labor docente.
Como resultado de visitar constantemente lo ya producido se configuran una serie de episodios arquitectónicos que presentan similitudes, pero que resurgen siempre diferentes. No es la construcción de un vocabulario formal o material que se aplica como prefiguración. En el estudio, la construcción de un estilo no es una dimensión relevante. Lo que aparece casi sin ser buscado son soluciones amplias, diagramas ya verificados que retornan siempre flexibles, siempre operativos.
Ordena y limita este proceso abierto una única variable: el tiempo. El proceso de diseño no termina en un encargo. El continuo preguntar y repreguntar encuentra su punto de cierre en el surgimiento de un hito que suponga un suspender de la pregunta hasta la próxima oportunidad de continuar las líneas de fuga que ésta propone.